Martes, 03 Mayo 2016 14:38

El Tendedero se va a Zacatecas

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 Unos días antes de la Movilización Nacional en contra de las Violencias Machistas del 24 de abril de 2016, mi querida colega Adriana Isis Pérez de Zacatecas me escribió para preguntarme si podía utilizar El Tendedero para el evento que tendrían por aquellos rumbos y, naturalmente, acepté gustosa.  A continuación les dejo un texto de Isis y otro de Jael Alvarado Jáquez quien también participó. 

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El tendedero del 24

La cita era a las cuatro, nos instalamos a la sombra de un arbolito y estiramos las liniecitas que servirían de soporte a los papeles que dispusimos en una mesa blanca y grande, sacamos los bolígrafos y yo tenía esa cosquillita en la panza como cuando ponía mi tiendita cuando niña, quería conocer las historias de las mujeres de mi pueblo de su puño y letra, sin retórica partidista.

Llegaron las primeras compañeras a poner su historia en los papelitos rosas. Fue muy difícil escuchar a mis amigas de toda la vida hablar de sus experiencias ante el acoso algunas sufridas desde muy pequeñas y que por culpa o porque “así son las cosas” no habíamos platicado antes. Entonces empezaron a acercarse las que no venían en la bola, las señoras y muchachas que asisten comúnmente a la plaza como todos los domingos a comer un elote después de la misa y platicar sin descanso en compañía de las amigas. Alcancé a oír comentarios en los que las chicas narraban sus experiencias a las amigas mientras las escribían y también me di cuenta que las señoras mayores guardaban silencio mientras hacían lo propio con caras largas y severas recordando los momentos que tanto las han hecho sufrir. Nos encontramos algunas jovencitas que ante la pregunta de si han sido acosadas solo escribieron un “NO” lo cual nos hizo pensar si realmente han tenido semejante suerte o si el acoso es tan “normal” que pareciera que no existe.

Recuerdo también con mucho cariño a la señora Martha que pudo escribir nada en su papelito pero me contó de cómo cuando era muy pequeña fue abusada continuamente por su padrastro, lloramos y nos abrazamos fuerte y antes de irse me dijo que agradecía a Dios por encontrarme en su camino, yo le insistía que teníamos que estar juntas y fuertes que nunca es la culpa del abusado el abuso y cosas así como mantra como para convencerme yo de que nunca fue mi culpa. Estuvimos serias a ratos pero nos regresaba el gusto y los chistes porque a fin de cuentas no estamos solas y si insistimos el acoso y el abuso se tienen que acabar.

Desde que conozco el trabajo de Mónica Mayer lo he admirado profundamente y en particular la pieza del tendedero es una en particular que si bien no goza del humor que tienen otras piezas, tiene una característica fundamental que es la de establecer nexos y complicidades. Pedimos a Mónica nos prestara tantito a este hijo suyo para alimentarle un poquito, darle unas “gorditas de horno” y pensando que lo ayudaríamos a crecer, las que crecimos fuimos nosotras.

Isis Pérez

Guadalupe, Zacatecas

24 de abril de 2016  20160424 184724

Hoy acompañé un ratito a mi querida Isis Pérez en una acción para hacer visible el acoso: se les pedía a las mujeres que escribieran de manera anónima sus historias y las colgaran en un tendedero.

1. De todas las participantes, dos mujeres atrajeron mi atención, las dos tenían más o menos la misma edad (entre 50 y 60 años) y, cada una en su momento y de forma separada, reaccionaron de forma muy distinta frente al ejercicio.

Una lloraba, agobiada por la emoción, agradecía la posibilidad de poder contar su historia, de sacar un dolor encerrado por años.

La segunda mujer estaba de paso y se detuvo a leer lo que estaba escrito en las hojas del tendedero. Isis le extendió un papelito rosa y la invitó cortésmente a escribir la historia de su primer acoso. "Esas son cosas de las mujeres de ahora", dijo la señora, "cuando yo era joven no existía tal cosa. Lo que ustedes ahora llaman acoso era la forma en la que los muchachos se acercaban a conocernos y de ahí nos hacíamos novios".

Nos dolió pensar en lo bien asimilada que tenemos la violencia como para no percibir la diferencia entre cortejo y acoso.

2. No alcancé a ver el performance que hizo Isis sobre la violencia obstétrica, pero mientras me contaba detalles de su acción y los horrores a los que hacían referencia, pensaba en como a lo largo de los años he ido suavizando en mi recuerdo muchas cosas que viví en mis dos cesáreas y que no me parecieron agradables ni buenas. Es como una pugna interna entre lo que sé qué estuvo mal y una actitud de "Olvídalo. Todo salió bien a pesar de todo. Tus bebés nacieron sanos. Sufrir en esos procesos es inevitable. No te fue tan mal".

Ahí está otra vez la violencia, remachadita en nuestra cultura: las mujeres tratamos de convencernos de que el maltrato obstétrico es en favor de la vida de nuestros hijos y hasta debemos estar agradecidas de todo lo que nos hacen, por salvaje e irrespetuoso que sea. Porque, al final, cuando vemos a los chamacos buenos y sanos, se nos olvida nuestra propia molestia y dolor

(Además ¿no se supone que debemos parir con dolor como Diosito lo dipuso en el inicio de los tiempos? Aguántate. Sé mujercita. Bien que te gustó hacerlo. No seas tan pinche exagerada...)

Jael Alvarado Jáquez 

Modificado el Martes, 03 Mayo 2016 15:13