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Si tiene dudas…pregunte. El blog es una pieza de la exposición Si tiene dudas…pregunte. Una exposición retrocolectiva de Mónica Mayer que, curada por Karen Cordero Reiman, se presenta en el Museo Universitario Arte Contemporáneo del 6 de febrero al 31 de julio de 2016. 

Aquí encontrará las obras y documentos en la exposición, comentados y contextualizados, así como los diálogos entablados entre la artista y diversos intrlocutores, incluyendo el público.

Este blog se plantea como una pieza que sirve como engranaje con el público, tanto el que asiste personalmente a la exposición, como al que sólo tiene acceso por Internet.

El blog se irá construyendo a lo largo de la exposición.

Miércoles, 11 Enero 2017 19:13

EL RECORRIDO DE MARISOL

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Fotos Mónica Mayer

Marisol Gassé no se presentó al MUAC el 16 de junio por la tarde, pero en su representación llegó una muy movida Pedie Curie, quien abandonó un ratito a Las Miserables para venir a dar este recorrido que empezó con sus sabias palabras sobre El Tendedero de las cuales les dejo una probadita aquí. El resto de la grabación está en el archivo de Pinto mi Raya.

Armada con el micrófono y un robusto sentido del humor, Madame Pedie Curie fue acercando al público a distintas obras, involucrándolos, solicitando sus comentarios y haciéndolos participar en las piezas.

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Aquí la vemos con César Martínez, quien fue parte del distinguido público que nos acompañó esa tarde. Aprovechando el momento le tomé esta foto a mi estimado colega junto a la que había de él en el museo cuando participó en 1987 en el performance El mítico encuentro entre la Sierra Madre Oriental y la Sierra Madre Occidental del grupo Polvo de Gallina Negra (Maris Bustamante y Mónica Mayer) que fue una de las piezas incluídas en la muestra.

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Aquí la vemos reactivando la pieza Abrazos que empezamos a hacer Víctor Lerma y yo en 2008.

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Y aquí la foto del recuerdo con Karen Cordero, Marisol Gassé, Mónica Mayer y Miriam Barrón.

A Marisol de agradezco de corazón su participación en los Recorridos con Invitados Especiales porque no nos conocíamos y generosamente se acercó a mi trabajo, platicó conmigo y le regaló al público una velada deliciosa.

Mónica Mayer, 2017

 

Publicado en Recorridos Especiales
Lunes, 24 Octubre 2016 12:36

UNA JORNADA COMPLETA

Los Antecedentes

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Hacer una exposición en la que se juntan el arte vivo con el objetual presenta ciertos problemas a la hora de hacer el catálogo. La gráfica y los dibujos están listos para fotografiarse antes de inaugurar, pero el arte efímero hasta que sucede, por lo que generalmente los catálogos no acompañan al evento sino que aparecen después.

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En el caso de mi exposición en el MUAC, varias obras incluidas en el catálogo no existían cuando éste se publicó, empezando por este blog que a varios meses de la exposición, todavía estoy completando o el Apapacho Estético que hicimos en colaboración con las Brigadas de Belleza Itinerante y Departamento de Programas Públicos del MUAC. Sin embargo, en ambos casos teníamos claro en qué consistirían.

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También hubo piezas, como Si tiene dudas: El Tour y distintas activaciones del performance Si tiene dudas… con el público que surgieron durante la exposición, por lo que quedaron fuera del catálogo. Ni modo. Es el riesgo que se toma cuando una exposición no se piensa como un fin, sino como un medio y cuando a una se le antoja performancear a fondo una exposición para combatir la extraña sensación que me causó meter al cubo blanco tantas piezas de performance, práctica social y proceso. Espero que el blog supla ese hueco.

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Pero la última pieza del catálogo, de título Una jornada completa, tenía nombre, duración y fecha (el último día de la muestra), pero hasta una semana antes de que sucediera sólo sabía que ese día estaría haciendo algo a lo largo del día.

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Durante los 6 meses que duró la exposición se me ocurrieron varias ideas. Pensé en hacer un tour detalladísimo de la muestra a lo largo de 8 horas, hablando de todos y cada uno de los documentos y obras presentes, o sentarme todo el día a platicar con el público, pero opté por una acción que además de cerrar la expo, concluyera el intenso recorrido de El Tendedero del MUAC, que reverberó con el contexto de una manera potente. 2016 07 31 16.13.06

Siempre digo que una pieza es 80% su contexto y 20% lo que lxs artistas proponemos y, en este caso, por distintas desafortunadas circunstancias y la afortunada respuesta de miles de personas, los temas que abordó la pieza se discutieron ampliamente en la sociedad, permitiéndole tener una presencia social y un impacto imposible de lograr de otra forma.

La sociedad también se hizo las preguntas de la pieza durante esos meses. 

¿Cuándo fue la primera vez que te acosaron? se hizo viral en redes sociales durante el mismo período, reuniendo una enorme cantidad de respuestas en #MiPrimerAcoso tanto en FB como en twitter. 2016 07 31 13.39.37

¿Te han acosado en la escuela o la universidad? coincidió con una increíble efervescencia en torno al tema en distintas universidades, incluyendo el Coloquio Acosos Universitarios 2016 en la ENAT, los escraches en universidades como la UAM y varias denuncias contra profesores de universidades como la UAEM. Me tocó ir a varias universidades a platicar sobre El Tendedero y recibir a grupos de universitarios en la exposición y participar en el coloquio de la ENAT, creándose un puente entre lo que sucedía en el museo y las universidades. En esos meses también sucedió la sonada protesta durante una función en el Teatro Coyoacán para denunciar a un director de acoso y violación en contra de alumnas y actrices.

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Las preguntas ¿Cuál es tu experiencia de acoso más reciente? y ¿Qué has hecho o harías contra el acoso? coincidieron con hechos de violencia sexual que se sufrieron durante ese período y las respuestas de la sociedad civil. Por ejemplo, los sonados casos de acoso en contra de varias mujeres que sucedieron en marzo (La periodista Andrea Noel, la editora de El Universal Natalia de la Rosa y Gabriela Nava, la estudiante de la Fes Acatlán.  Ante estos casos de acoso y el incremento en feminicidios, se organizó #24A, la movilización que reunió mujeres a lo largo del país para denunciar la violencia de género, a la cual nos unimos con El Destendedero y Amnistía Internacional aprovechó el 8 de marzo para hablar sobre acoso sexual, en este caso, invitándome a presentar El Tendedero. También hubo una respuesta oficial a través de la “Estrategia 30/100 compromiso del Gobierno de la CDMX en la prevención y erradicación de la violencia contra las mujeres”, así como la muy sonada y criticada repartición de silbatos en el metro.

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 Esta información nutría día a día el grupo en FB de El Tendedero, que a la fecha cuenta con poco más de mil integrantes. 2016 07 31 12.58.38

Dada la enorme participación del público en la pieza, El Tendedero tuvo una presencia estelar en la muestra. Se reunieron tantas respuestas que a mitad de la exposición se hizo el Megatendedero y agregamos casi 5000 respuestas y un mes antes de que terminara se hicieron 2 extensiones para incluir las que seguían llegando.

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La Jornada Completa

Ante el proceso de El Tendedero, les propuse a mis cómplices del Taller que leyéramos en voz alta las respuestas el último día de la exposición. Era una manera de transmitir desde el cuerpo todas las experiencias que habían compartido con nosotras miles de personas.

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 Una semana antes fuimos a hacer una prueba para sentir el espacio. Generalmente realizo este tipo de ejercicios a manera de investigar los materiales de trabajo, que en el caso del performance incluyen el tiempo y el espacio.2016 07 31 17.19.45

Leer los textos de las pequeñas hojitas rosas, tan íntimos y tan violentos fue terrible. A los 10 minutos ya quería darme un tiro. Era demasiado dolor y más que amplificar el sufrimiento a través de nuestras voces, me dieron ganas de arroparlo, de cuidarlo, de decirle que todo iba a estar bien.

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Invité al taller a seguir con la idea de leer las respuestas pero utilizar las dos ampliaciones de El Tendedero para subir en un lado Tejiendo Cómplices (el proyecto de Sara Guerrero que asumió el grupo y fue parte de la movilización del #24ª) y en el otro invitar al colectivo Lana Desastre a intervenir con tejido la otra sección y sentarse con nosotras a lo largo del día en la exposición a tejer con cómplices, colegas y público. En el colectivo participan Miriam Mabel Martínez, Annuska Angulo, Claudia Díaz, Asalia Salazar y Esther Castro.

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Y ahí estuvimos todo el día. Tejiendo o aprendiendo a tejer. Platicando. Compartiendo historias. Leyendo respuestas. Interactuando con el público. Riéndonos. Abrazándonos. Ojalá pudiéramos rebotar la experiencia hacia la sociedad y amortiguar un poco el dolor por la violencia hacia las mujeres que tenemos a flor de piel.

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México DF a 20 de octubre de 2016. Mónica Mayer

Publicado en Una Jornada Completa
Jueves, 06 Octubre 2016 20:19

EL TENDEDERO DE LA FACULTAD DE FILOSOFÍA

El Tendedero es una obra mayor de edad que ha aprendido a tomar su propio camino. En ocasiones me visita y yo la hago, pero a veces otras personas se encargan de darle vida.

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Un día, durante la exposición en el MUAC, conocí a Ignacio Lozano Verduzco quien, además de ser profesor-investigador en la Universidad Pedagógica Nacional, estaba en proceso de organizar junto con otras personas la V Jornada de Equidad de Género: Salud, Diversidad y Ciudadanía en la Facultad de Psicología de la UNAM. Me invitó a participar en una mesa sobre arte feminista con Jaime Géliga Quiñonez, José Antonio Romero y María Laura Ise quien es parte del colectivo M.O.R.R.A. y naturalmente se me antojó muchísimo dialogar con investigadores jóvenes. Pero también me planteó que durante nuestra mesa, que abría la jornada, hiciéramos un Tendedero. No me pude negar.

Cuando llegué a la facultad, pasé al baño antes de que empezara la mesa y me llevé una gran impresión al ver que en cada cubículo había un botón de emergencia. ¡Hasta las ganas de hacer pipí se me quitaron! Lo primero que hice fue preguntar si en el baño de hombres también los había y, como sospechaba, no es el caso.IMG 1945

El Tendedero de Psicología todavía no tenía preguntas porque se había planteado que estas salieran de la discusión, pero ante esta situación, propuse que fueran: ¿Qué siento cuando entro al baño y veo un botón de emergencia? y ¿Qué podemos hacer para que no sean necesarias estas acciones?

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Al terminar la mesa el equipo organizador rápidamente montó el Tendedero y las respuestas empezaron a llegar.

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En el inter me enteré que los botones ni siquiera servían y que el día que varias chavas detuvieron a un acosador que se había metido a tomarles fotos en el baño, los encargados de seguridad en la facultad no hicieron nada. En fin. Falta mucho para acabar con el acoso, incluyendo dejar de tomar medidas que sólo lo naturalizan aún más como estos botones o de la separación de hombres y mujeres en el transporte público.

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Publicado en El Tendedero
Jueves, 30 Junio 2016 08:59

EL TENDEDERO SEGÚN CINTIA BOLIO

Conozco el trabajo de Cintia Bolio desde 2003, cuando fue la presentación de libro/ inauguración de exposición del proyecto Las moneras llegaron ya de Agustín Sánchez González en el Museo de la Caricatura, y sobre el cual escribí una nota con el mismo título para El Universal que todavía puede leerse en internet.

El año pasado, ambas fuimos invitadas a participar en la gala de Semillas ahí estuvimos de vecinas: ella pintando en vivo y en directo y yo con mi Tendedero.

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Ahora, todo el merequetengue de acosos sexual callejero que llevó a las distintas manifestaciones de la llamada Primavera Violeta, con todo y su movilización el #A24, nos ha unido de nuevo. Por un lado, ambas participamos en una mesa en el Coloquio Acosos Universitarios 2016 en la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH) el pasado 27 de mayo. Nunca la había escuchado hablar y me encantó. Es clara, inteligente, profunda y ágil, como debe toda monera que se respete y toda conferencista también.

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Ese día me dio un regalo espléndido: en su versión de la Primavera Violeta en El Chamuco, aparecen referencias a El Tendedero y a la Editatona. Creo que ahora que complete mi reporte para el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (FONCA), en el rubro de premios recibidos, éste será el más importante de todos.  

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Monica Mayer junio 2016

Publicado en El Tendedero

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Las integrantes del Talller El Tendedero.  Foto Valeria Marriot

Cada vez que hago una versión de El Tendedero confirmo que 80% de una pieza es su contexto y el resto lo que proponemos desde el arte.

El Tendedero del MUAC ha sido extraordinario. Sin duda ayudó el escaparate del museo, pero también coincidió con una coyuntura particular: la serie de sonadísimos casos de acoso sexual callejero de las periodistas Andrea Noel, de Natalia de la Rosa, editora de El Universal y de Gabriela, la estudiante de la FES Acatlán eventos que, entre otras cosas, llevaron a la movilización del #A24  en contra de las violencias machistas. Partiendo de Ecatepec, en donde el nivel de feminicidios y violencia hacia las mujeres es particularmente grave, la movilización reunió a miles de mujeres en la CDMX, pero hubo protestas en muchos estados. A partir de este evento ha habido una cascada de acciones: desde el Muro del Acoso en la UAM, el impactante hashtag #miprimeracoso y las historias sobre lo mismo que muchas compartimos en nuestros perfiles en FB y la irrupción en obra de teatro para denunciar casos de acoso y violación por parte del director, hasta el I Coloquio de Acosos Universitarios que se llevó a cabo en la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH). Todo esto ha contribuido a que El Tendedero reverbere de una manera muy singular porque es un tema que todo mundo está discutiendo.

El Tendedero, como ya comenté en mi texto Los retoños: el tendedero de Amnistía Internacional y de Zinayda Quiñones y otros textos en este blog, ha tenido sus reverberancias en el mundo del activismo, la pedagogía y el arte, pero lo que más me ha sorprendido hasta ahorita es como también logró saltar a la cultura popular.

Les dejo dos ejemplos:

El primero es el vlog de Rawyana, quien aproximadamente en el minuto 8 habla de El Tendedero en el MUAC y posteriormente de su primera experiencia de acoso.

El otro es este pequeño video de Mensajeros urbanos, a quienes escribí para ver si era mera coincidencia, pero nunca contestaron.

Por lo pronto las respuestas El Tendedero en el MUAC siguen aumentando. Ya tenemos aproximadamente 7,500 respuestas. Ha crecido tanto que primero nos reunimos para colgarlas todas y hacer el Megatendedero y después vimos que lo que hacía falta era ampliarlo, por lo que en el museo nos hicieron dos extensiones a cada lado.

Si bien me da mucho gusto el éxito de la pieza, que rebasó por mucho mis expectativas y me parece fundamental sacar a la luz pública el problema del acoso sexual para empezar a plantear soluciones, sigo pensando que el mejor Tendedero será aquel que no logremos obtener una sola respuesta.

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Fotos Valeria Marriot

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Foto M. Mayer

Mónica Mayer

Junio de 2016

Publicado en El Tendedero
Miércoles, 08 Junio 2016 11:57

TEJIENDO CÓMPLICES

El feminismo es uno de tantos conceptos que me ha demostrado que no hay dicotomía alguna entre teoría y práctica; que el pensamiento es acción y la acción, manifestación de procesos conceptuales. Re-analizar nuestro presente y nuestras formas de convivencia, necesariamente nos hace mirar el mundo, relacionarnos con nuestro contexto de forma distinta y tomar partido frente a actos que antes ni siquiera hubiéramos cuestionado.

Este proceso de aprendizaje sin duda se vuelve mucho más complejo y enriquecedor cuando se practica en colectivo. Las relaciones que se generan a partir de comentar un tema, compartir los puntos de vista y las discusiones ayudan a construir un conocimiento más complejo. Que no sólo es individual, sino también comunitario. Siempre he sido partidaria de la frase: dos cabezas piensan mejor que una. Todo puede ser posible cuando dos personas se juntan.

El taller “El Tendedero” gestado por el MUAC e impartido por Mónica Mayer, en diálogo con su exposición “Si tiene dudas…” ha trabajado en ese sentido: busca la construcción de acciones y proyectos personales a partir del intercambio de saberes y experiencias entre las integrantes. Una puede entender el feminismo cuando lee teoría, pero  es en el ir y venir de las dinámicas -que consisten en escuchar y compartir-, cuando se comprende, se corporiza y se descubre el valor y potencialidad de las relaciones sociales.

Es en ese contexto en el que nace el proyecto Tejiendo Cómplices: una iniciativa colectiva que busca activar los vínculos sociales invisibilizados para que el rechazo al acoso sexual callejero sea denunciado. El objetivo es que tanto la acosada como el testigo asuman el papel determinante que cada uno juega para frenar este tipo de violencia. Creemos que la sensación de acompañamiento, de complicidad, es fundamental para empoderarnos y ACTUAR en contra del acoso, en contra de la indiferencia al otro.

Tejiendo cómplices, ante todo, trabaja con un discurso que apuesta por lo íntimo, (lo personal es político) tomando distancia de señalamientos agresivos. Se suma a las propuestas prácticas y activas para acabar con el acoso sexual sin perder de vista que se busca generar relaciones, activar vínculos y crear complicidades.  

La iniciativa funciona por medio de dos dispositivos de encuentro. El primero es a través de una carta que se reparte o “abandona” aleatoriamente en un lugar para que sea recogida y leída por una mujer. La carta comienza con un lenguaje íntimo, que comparte un mensaje creado a partir de una serie de experiencias personales relacionadas con el acoso sexual: busca la empatía y el reconocimiento del acoso como un acto agresivo que debe dejar de ser normalizado. Se invita a la lectora a que le pase la carta a otra mujer, dejando manifiesto que hay que señalar el acoso sexual cuando se suscite, aunque la mujer que resulte agredida en el momento, le sea desconocida. “Hoy por mí, mañana por ti”.

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Foto: Nancy García Díaz

El segundo dispositivo es una experiencia presencial en el que se interviene un espacio público para decir el discurso, con la misma lógica que el de la carta,  directamente a las mujeres. Personalmente, esta experiencia ha sido la que más me ha llamado la atención pues, al estar en una relación directa, se puede observar realmente qué efecto genera el discurso en el interlocutor. Es claro y comprensible que al momento de acercarse a una desconocida, esta genera actos de defensa, pero una vez que cede para escuchar y las palabras empiezan a fluir, los muros de protección y las sonrisas tímidas se desvanecen ante el reconocimiento del acoso sexual. La comprensión del fenómeno en su persona y las implicaciones que tiene en nuestro modo de andar por la calle y de relacionarnos con los demás, suscita empatía.

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Foto: Mónica Mayer

Para mí, es ahí donde radica la importancia del proyecto: en esa mirada entre dos extrañas seguida por un “sí” como respuesta a la pregunta: Yo te defendería, ¿harías lo mismo por mí? Esto no es más que un gesto de amor entre desconocidas que comprueba que la sororidad, entre otros valores de relación social, por más invisibilizada que esté, está latente y viva. Qué importa que la interlocutora haya oído hablar del feminismo o no, lo practica con una mirada de complicidad y enunciando un “sí”.

Por último, me gustaría recalcar la pertinencia de acciones como las que Tejiendo cómplices propone, en especial en el contexto en que se encuentra nuestro país, el cual está separado por la ola de violencia, en donde no vemos obligados cada vez más a relacionarnos con desconfianza, fomentando la individualización. Tejiendo Cómplices apuesta no sólo por acabar con el acoso sexual callejero, sino por regenerar el tejido social, proponiendo formas distintas, que parten del afecto y empatía, de relacionarnos. Con “proponer formas distintas” me refiero a hacer un ejercicio de re-descubrir la otredad y lo que pueden llegar a lograr dos seres unidos por un objetivo común, lo que puede llegar a lograr la complicidad.

TEJIENDO COMPLICES BLOG

Junio 2016.

Publicado en El Tendedero
Martes, 03 Mayo 2016 14:38

El Tendedero se va a Zacatecas

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 Unos días antes de la Movilización Nacional en contra de las Violencias Machistas del 24 de abril de 2016, mi querida colega Adriana Isis Pérez de Zacatecas me escribió para preguntarme si podía utilizar El Tendedero para el evento que tendrían por aquellos rumbos y, naturalmente, acepté gustosa.  A continuación les dejo un texto de Isis y otro de Jael Alvarado Jáquez quien también participó. 

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El tendedero del 24

La cita era a las cuatro, nos instalamos a la sombra de un arbolito y estiramos las liniecitas que servirían de soporte a los papeles que dispusimos en una mesa blanca y grande, sacamos los bolígrafos y yo tenía esa cosquillita en la panza como cuando ponía mi tiendita cuando niña, quería conocer las historias de las mujeres de mi pueblo de su puño y letra, sin retórica partidista.

Llegaron las primeras compañeras a poner su historia en los papelitos rosas. Fue muy difícil escuchar a mis amigas de toda la vida hablar de sus experiencias ante el acoso algunas sufridas desde muy pequeñas y que por culpa o porque “así son las cosas” no habíamos platicado antes. Entonces empezaron a acercarse las que no venían en la bola, las señoras y muchachas que asisten comúnmente a la plaza como todos los domingos a comer un elote después de la misa y platicar sin descanso en compañía de las amigas. Alcancé a oír comentarios en los que las chicas narraban sus experiencias a las amigas mientras las escribían y también me di cuenta que las señoras mayores guardaban silencio mientras hacían lo propio con caras largas y severas recordando los momentos que tanto las han hecho sufrir. Nos encontramos algunas jovencitas que ante la pregunta de si han sido acosadas solo escribieron un “NO” lo cual nos hizo pensar si realmente han tenido semejante suerte o si el acoso es tan “normal” que pareciera que no existe.

Recuerdo también con mucho cariño a la señora Martha que pudo escribir nada en su papelito pero me contó de cómo cuando era muy pequeña fue abusada continuamente por su padrastro, lloramos y nos abrazamos fuerte y antes de irse me dijo que agradecía a Dios por encontrarme en su camino, yo le insistía que teníamos que estar juntas y fuertes que nunca es la culpa del abusado el abuso y cosas así como mantra como para convencerme yo de que nunca fue mi culpa. Estuvimos serias a ratos pero nos regresaba el gusto y los chistes porque a fin de cuentas no estamos solas y si insistimos el acoso y el abuso se tienen que acabar.

Desde que conozco el trabajo de Mónica Mayer lo he admirado profundamente y en particular la pieza del tendedero es una en particular que si bien no goza del humor que tienen otras piezas, tiene una característica fundamental que es la de establecer nexos y complicidades. Pedimos a Mónica nos prestara tantito a este hijo suyo para alimentarle un poquito, darle unas “gorditas de horno” y pensando que lo ayudaríamos a crecer, las que crecimos fuimos nosotras.

Isis Pérez

Guadalupe, Zacatecas

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Hoy acompañé un ratito a mi querida Isis Pérez en una acción para hacer visible el acoso: se les pedía a las mujeres que escribieran de manera anónima sus historias y las colgaran en un tendedero.

1. De todas las participantes, dos mujeres atrajeron mi atención, las dos tenían más o menos la misma edad (entre 50 y 60 años) y, cada una en su momento y de forma separada, reaccionaron de forma muy distinta frente al ejercicio.

Una lloraba, agobiada por la emoción, agradecía la posibilidad de poder contar su historia, de sacar un dolor encerrado por años.

La segunda mujer estaba de paso y se detuvo a leer lo que estaba escrito en las hojas del tendedero. Isis le extendió un papelito rosa y la invitó cortésmente a escribir la historia de su primer acoso. "Esas son cosas de las mujeres de ahora", dijo la señora, "cuando yo era joven no existía tal cosa. Lo que ustedes ahora llaman acoso era la forma en la que los muchachos se acercaban a conocernos y de ahí nos hacíamos novios".

Nos dolió pensar en lo bien asimilada que tenemos la violencia como para no percibir la diferencia entre cortejo y acoso.

2. No alcancé a ver el performance que hizo Isis sobre la violencia obstétrica, pero mientras me contaba detalles de su acción y los horrores a los que hacían referencia, pensaba en como a lo largo de los años he ido suavizando en mi recuerdo muchas cosas que viví en mis dos cesáreas y que no me parecieron agradables ni buenas. Es como una pugna interna entre lo que sé qué estuvo mal y una actitud de "Olvídalo. Todo salió bien a pesar de todo. Tus bebés nacieron sanos. Sufrir en esos procesos es inevitable. No te fue tan mal".

Ahí está otra vez la violencia, remachadita en nuestra cultura: las mujeres tratamos de convencernos de que el maltrato obstétrico es en favor de la vida de nuestros hijos y hasta debemos estar agradecidas de todo lo que nos hacen, por salvaje e irrespetuoso que sea. Porque, al final, cuando vemos a los chamacos buenos y sanos, se nos olvida nuestra propia molestia y dolor

(Además ¿no se supone que debemos parir con dolor como Diosito lo dipuso en el inicio de los tiempos? Aguántate. Sé mujercita. Bien que te gustó hacerlo. No seas tan pinche exagerada...)

Jael Alvarado Jáquez 

Publicado en El Tendedero

19Foto: Brenda Hernández Novoa

EL TENDEDERO. La actividad cotidiana de “tender ropa” fue tomada en la instalación de la artista Mónica Mayer hace casi 40 años, en una obra que sigue viva. 

En lazos, con ganchos para tender ropa y al aire libre, se cuelgan papelitos color rosa. Los papeles narran sucesos de acoso callejero que viven las mujeres al transitar por una ciudad en la que, sólo por su género, son trastocadas con miradas, sonidos, frases y hasta “toqueteos” intimidatorios.

“El tendedero” de Mayer ha sido reactivado y retomado en muchos espacios.

Centro Cultural Universitario (CCU). Es un martes por la tarde, faltan algunos días para que dé inicio la exposición "Si tiene dudas... Pregunte" en el Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC) y en donde se situará "El tendedero" por varios meses.

Junto con Mónica y otras participantes, caminamos por los espacios del CCU volviendo “El tendedero” una instalación móvil. Le pedimos a mujeres que contesten cuatro preguntas, las respuestas se cuelgan en el lazo, las cuales son leídas con curiosidad por otras personas.

Algunas mujeres que participan en la instalación se desconciertan con el tema o se sienten avergonzadas, otras escriben sin reserva. Yo me acerco a pequeños grupos de mujeres, ellas, entre enojos y risas, describen las agresiones que han sufrido en el transporte público. “No hay que ser mayor de edad para recibir insultos, tenía como 10 años cuando un tipo me molestó en la calle”. “La última vez que me acosaron fue ayer”. Una mujer, al pasar, se interesa en nuestra plática: “¿Puedo participar también?”. Otra mujer pide que se incluya a los hombres en la actividad, pues ellos son violentados de muchas maneras en la calle. Se crea empatía con cada persona que participa, es una atmósfera íntima.

Actualmente, hay un gran número de trabajos que se están realizando en contra del acoso callejero hacia las mujeres: acciones artísticas, movilizaciones civiles y apoyo para penalizar del acoso. El tema tiene una gran capacidad de convocar gente: todas las mujeres que transitamos en la ciudad nos hemos sentido intimidadas con gestos, agredidas con frases y enojadas de que un desconocido nos tocó sin nuestro consentimiento. Parece una experiencia obligada en nuestra vida diaria. 

El tendedero es la construcción de un espacio de confianza y confesión, que se contrapone a agresiones que nos tomaron desprevenidas, donde muchas veces no pudimos hacer algo más que gritar, reír o llorar. Participar en las luchas y acciones actuales nos permite ir más allá.

En las reactivaciones de "El tendedero" se intercambiar miradas y gestos comprensivos; se impulsa un fuerte deseo de que las mujeres nos sintamos tranquilas y seguras al caminar por la calle y, sobre todo, se lucha por que se deje de normalizar la violencia hacia la mujer. 'El tendedero' que inició hace 40 años, dejará de tener vida cuando esto se logre en nuestra ciudad. 

 

Betsabé Piña. 19 de abril de 2016

Publicado en El Tendedero

Cuando leí el título de la mesa en la invitación a participar en ella, me pareció particularmente pertinente porque hablar de vocabularios contra el acoso hace referencia a un conjunto de palabras, experiencias y significados en torno al acoso que ya podemos nombrar. Nos ha llevado tiempo verbalizar experiencias de acoso por distintos motivos: por sentirnos culpables, por sentirnos responsables, por sentir vergüenza, por miedo a no sentirnos apoyadas, por dudar de nosotras mismas, porque nos han callado, porque no encontrábamos las palabras para decirlo, porque nos causaba mucha ansiedad, por sentir confusión, para no incomodar.

Ante los testimonios de mujeres principalmente, sobre experiencias de acoso callejero   en diversos países hoy podemos nombrar los tipos de acoso sexual en el espacio público: miradas lascivas, tocamientos, piropos, silbidos, besos, bocinazos, jadeos, ruidos y susurros con connotaciones sexuales, gestos obscenos, comentarios sexuales, fotografías y videos no consentidos y grabados con fines sexuales, exhibicionismo, persecuciones y arrinconamientos, masturbación con o sin eyaculación. El acto de nombrar es un acto muy poderoso para señalar, visibilizar y denunciar. Si no tenemos palabras para denunciar un abuso, reclamar un derecho se vuelve muy difícil. Es innegable que la capacidad de nombrar resulta empoderadora.

El trabajo que Mónica Mayer ha realizado con El Tendedero es extraordinario porque ha ordenado y dado una salida a cientos (es muy probable que ya sean miles) de testimonios de mujeres sobre una experiencia cotidiana de violencia sexual que ocurre en muchas ciudades del mundo. El valor de estos testimonios se encuentra en diversos niveles. El primero tiene que ver con la visibilización de una realidad social y cultural en la que las mujeres son vistas y tratadas como objetos sexuales en las calles, en los trayectos diarios a su trabajo, a la escuela y a lugares de ocio, entre otros.

La primera vez que fue presentada esta pieza en 1978 en el Museo de Arte Moderno de la Ciudad de México la pregunta que invitaba a hablar a las mujeres sobre la violencia que viven en espacios públicos fue: Como mujer lo que más detesto de la ciudad es… En los distintos lugares en los que El Tendedero se ha expuesto, las preguntas han ido cambiado para explorar con mayor profundidad las clases de violencia sexual que las mujeres experimentan. La reactivación de esta pieza en distintos espacios y ciudades ha permitido a Mayer y a quienes conocen su trabajo darse cuenta que a lo largo de casi 40 años el tema de la violencia sexual en espacios públicos no ha cambiado, no sólo en la Ciudad de México, sino en otras ciudades del mundo. En ese sentido uno de los valores más importantes del trabajo de Mónica con El Tendedero es que constituye un archivo sociológico sobre cómo las mujeres de distintas nacionalidades, edades y ocupaciones viven las ciudades de forma desigual respecto a los hombres.

Otro ámbito desde el cual El Tendedero contribuye a romper con la invisibilización de esta clase de violencia es desde la facilitación de procesos de habla y escucha a través de talleres y acciones con mujeres donde son compartidas y validadas experiencias de acoso y abuso sexual que en muchos casos son verbalizados por primera vez. Este proceso de verbalización y reconocimiento tiene un valor particular para quienes participan en las piezas de Mónica pues actúa como un mecanismo de liberación emocional y de reconocimiento de lo que deberían ser nuestros derechos.

Una de las mayores dificultades que enfrentamos como sociedad es que el espacio público no se ha reconocido como un lugar y medio fundamental para acceder a otros derechos y oportunidades. Para explicar esto recurro al texto de Gilles Lopovetsky Acoso sexual y democracia, donde señala que el acoso sexual laboral en Francia no cobró relevancia, aún existiendo el delito, sino hasta que fue reconocido socialmente el espacio profesional como un lugar de conformación de identidad y autonomía femenina. ¿No es el espacio público un lugar de conformación de identidad y autonomía femenina también?

Mientras la identidad femenina se construía a través de las funciones asumidas en el seno de la familia, la representación de las agresiones sexuales en el lugar de trabajo no podía rebasar el lugar de estadio de rumores más o menos anecdóticos, puesto que el sitio verdadero de la mujer no estaba en la empresa sino en el hogar; la desvalorización tradicional del trabajo femenino contribuyó a considerar insignificantes los comportamientos que agredían a las mujeres en su marco profesional”.[1]

Tal actitud, señala, cambió a medida que el trabajo de las mujeres se iba imponiendo cada vez más como un medio para afirmar una identidad social autónoma. A partir del momento en que la identidad profesional de las mujeres adquirió legitimidad social, las agresiones sexuales en el campo laboral resultaron intolerables. ¿No es el espacio público un lugar de conformación de identidad y autonomía femenina también?

Me parece muy importante rescatar estas líneas porque lo que vemos en esta edición del Tendedero que enfocó una de sus preguntas hacia cómo se vive el acoso en un espacio como la universidad, nos lleva a preguntarnos si en los espacios públicos (transporte, calles) y semipúblicos (universidades, plazas, parques, áreas verdes, pasillos y circuitos dentro de las escuelas) la presencia de las mujeres sigue siendo vista como algo menor, como si su presencia en estos espacios fuera únicamente de tránsito y no como una presencia TOTAL donde también las mujeres construimos nuestra identidad y autonomía. El transporte, la calle, los circuitos, las áreas verdes y los pasillos de las universidades y escuelas son medios para acceder a derechos y oportunidades como educación, salud, empleo, servicios y ocio (entre muchos otros) por lo que es fundamental subrayar la importancia de nuestra presencia en estos espacios.

¿Los proyectos artísticos pueden ser relevantes para el ejercicio de los derechos humanos? Un proyecto artístico como El Tendedero contribuye a la construcción de testimonios colectivos sobre la violación a un derecho. A nuestro derecho a una vida libre de violencia. Y estos testimonios son fundamentales para la denuncia social. Articular las experiencias de diversas mujeres ante un mismo problema resulta muy potente discursivamente pues amplifica la voz de un sector no escuchado. Algunas de las mayores amenazas para combatir el acoso son quizá su aparente sutileza y su fugacidad. Lo que vuelve poderoso a proyectos como éste es su capacidad de construir a partir de estos testimonios memoria colectiva para exigir atención inmediata sobre la problemática señalada. Con Vocabularios contra el acoso, es decir, con palabras que nos permiten señalarlo, denunciarlo y describirlo es posible combatir esa aparente ligereza y fugacidad para romper con una práctica cotidiana machista que pareciera que nos quiere sacar de espacios de poder a los cuales hombres, mujeres y todas las personas que no caben en esta clasificación binaria, tenemos derecho por igual: hoy se trata de la calle, la universidad, el transporte, los parques y las plazas. Cada uno de estos espacios es nuestro, no sólo porque están ahí para ser habitados, también porque son el medio para acceder a otros derechos. Esto no debemos olvidarlo.

Finalmente, y sin negar el papel de las leyes para garantizar los derechos de las mujeres; me gustaría concluir invitando a los y las asistentes y participantes de esta mesa a pensar en una pedagogía de la autodefensa femenina[2]; estrategias que nos permitan responder por nosotras mismas ante agresiones e intimidaciones en el espacio público. Posibles respuestas que siembren en nosotras seguridad para exigir y defender nuestros derechos enfrentándonos con la(s) persona(s) que acosan.

Hace una semana me preguntaron qué opinaba sobre la propuesta de Hijas de Violencia que puede leerse como una invitación a la confrontación con el acosador. Pienso que evaluando siempre las condiciones de seguridad bajo las cuales nos encontramos cuando alguien nos está acosando, la confrontación es una forma (dentro de muchas otras) de detener al acosador con frases como: “Lo que estás haciendo se llama acoso”, “No te conozco” o “Nadie pidió tu opinión sobre mi cuerpo”.

De acuerdo con el Observatorio Contra el Acoso Callejero Chile (OCAC), el 72 % de las veces que las personas responden al acosador, éste desiste, se queda en silencio o se va[3]. Compartir estrategias, desarrollarlas colectivamente y articularnos con las instituciones para difundirlas puede ser muy efectivo para combatir el problema de forma colectiva.

Las intervenciones artísticas de Mónica Mayer se convierten en una vía efectiva y visible que fomenta entre la comunidad la participación, la importancia de exigir espacios para alzar la voz y la solidaridad con otras personas, la comprensión de que la apropiación del espacio público es uno de muchos pasos encaminados a conseguir que las oportunidades y derechos para las mujeres no se queden únicamente en la teoría.

 


[1] Lipovetsky , Gilles. “Acoso sexual y democracia”, La tercera mujer, Anagrama, Barcelona. 1997 p.74.

[2] El concepto de pedagogía de la autodefensa femenina , propuesto por Gilles Lipovetsky, se basa en la premisa de que si los hombres deben respetar la voluntad de las mujeres, nosotras podemos reconocer que tenemos la capacidad de expresar lo que no queremos y no renunciar a enfrentarnos a ellos directamente.

[3] Encuesta de acoso callejero realizada por OCAC Chile, 2014 . Realizada vía web a 3234 personas entre 10 y 64 años de todas las regiones del país.

 

 

Presentación realizada en la Mesa

Vocabularios contra el acoso en el

marco de la Exposición Si Tiene Dudas…

Pregunte de la artista Mónica Mayer.

8 de Marzo de 2016

MUAC-UNAM

Publicado en El Tendedero

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Foto: Cecilia Miranda

Me enteré del taller del Tendedero de Mónica Mayer por la difusión que le hizo el Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC) en sus redes sociales. En un principio, la razón por la que asistí fue porque me interesaba tener un acercamiento con el “feminismo” y qué mejor, pensé, que acercarse a él desde una perspectiva relacionada con el arte, que es a lo que me dedico.

Para mi sorpresa, el taller empezó con una multitud de gente de todo tipo: antropólogxs, artistas visuales, psicólogxs, actores, arqueólogxs, dramaturgxs, economistas... y cada quien con su posicionamiento personal con respecto al feminismo. Esto, como es de esperar en un grupo tan diverso con un tema tan delicado por todas las lecturas que se tienen al respecto, suscitó molestias entre los que querían una explicación sobre por qué el grupo era mixto y necesitaban un grupo de mujeres, los que estaban en contra… En fin, con mi poca experiencia en el tema, me sentí en el ojo del huracán (muy a la Sylvia Plath), esperando a ver cómo era que Mónica iba a responder a ello.

Desde que empezó a hablar y dialogar mantuvo la calma. Para mi sorpresa, por ser alguien con su trayectoria en el feminismo y la cultura, se interesaba en mantener un diálogo abierto, sin ninguna pretensión intelectual. Y debo confesar que volví a la sesión siguiente por curiosidad antes que otra cosa.

Con el paso de las sesiones, el grupo se redujo considerablemente. De las cincuenta personas que éramos ese primer día, quedamos alrededor de diez, cosa que facilita la comunicación entre cada una de nosotras. Y ahí es donde radica la importancia del taller para mí, que más que un taller, es un círculo de estudio acerca del acoso sexual callejero en donde abundan la reflexión personal y colectiva, los cuestionamientos, la confianza para abrir experiencias personales para profundizar, ver el problema desde distintos puntos de vista y abrir la posibilidad de tomar acción en contra del acoso… He de admitir que la aproximación que he tenido con el feminismo no es la que esperaba cuando llegué el primer día al taller. He leído sobre el tema, pero no se compara con aprenderlo a partir de la relación con otras mujeres y colectivos activistas que han ido a presentarse. Es un espacio en donde la línea que supuestamente separa la teoría y la práctica no existe. Aunque suene jocoso, este círculo del Tendedero es pertinente porque, a partir de la comunión surge el empoderamiento para enunciar las ideas y tomar acción; así como la esperanza de que el acoso sexual puede tener un fin.

Sara Guerrero Alfaro, 2016

Publicado en El Tendedero
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